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La actitud y la aptitud

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Se que es un típico tópico… y se que no es conveniente escribir cuando uno está realmente mosqueado. Pues bueno, hoy voy a pasar este consejo por alto, y es que estoy lo que se dice muy cabreado. Estos días en España, antes de volver a Japón, me ha contado conseguir un papel que se llama ‘certificado de no residencia’. No voy a explicar para qué lo necesito porque no viene a cuento, pero si contaré que me hace falta en mi banco, en donde me dijeron que para conseguirlo, tengo que ir a ‘cualquier comisaría de Policía Nacional’ y pedirlo. Dicho y hecho voy a la comisaría de mi ciudad, cerca de Madrid, y ahí me dicen, tras hacer cola, que no es ahí donde dan esos papeles, y en un papel me escriben la dirección, en Tetuán, Madrid, a donde tengo que ir. Como no me daba tiempo (cierran a las 14:00, no vayan a trabajar demasiado) lo dejo para el día siguiente.

Al día siguiente, me voy a Tetuán, Tras 45 minutos de viaje, pregunto, y me dicen que ‘ahí no saben nada’. Pregunto también en una comisaría que hay al lado. Me dicen que tengo que ir a la Calle General Pardiñas, número 90. Como ya son las 14:00, me dicen que no me da tiempo a llegar. Lo dejo para el día siguiente. Tercer lugar que visito, una mañana entera perdida, sin saber muy bien cómo. Eso si, me voy con una foto del papel que dice, justo al lado de la ventanilla, donde tengo que ir, y que ilustra esta entrada.

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Un Mundo Feliz

Esta entrada, la escribo desde un Starbucks en Akihabara. Delante de mi, dos chicas planean un viaje, y llevan literalmente las tres horas que llevo mirando un café y leyendo noticias en Twitter hablando de lo que comerán, los lugares que visitarán… todo aderezado con revistas en donde ponen pequeños post-it a modo de marcadores.

Esta escena, es la que mejor resume lo surrealista que es todo ahora mismo en Japón. Las calles, están llenas de gente, todos hablan, ves sonrisas… Todas las fotos de esta entrada las he sacado hoy mismo. Si me llegan a poner aquí hace tres semanas, nunca me hubiera dado cuenta de que miles de personas han muerto en un terrible tsunami a sólo dos horas en tren bala de aquí. Pero es la realidad. No sólo eso, una central nuclear en Fukushima sigue teniendo problemas de refrigeración y parece que aunque esta relativamente estabilizada, seguirán con esa movida durante mucho más tiempo del que nadie imaginó nunca. Yo, como ignorante en la materia intento comprenderlo pero nunca lo consigo del todo; está tardando tanto que muchos canales ya no dan. Las ruedas de prensa del Gobierno en directo, y sólo ofrecen resúmenes en las noticias. En estos resúmenes, casi nunca hay mucho que contar. Y, cuando lo hay, los medios extranjeros lo utilizan para sus portadas, en grandes titulares… que son mucho más pequeños o inexistentes cuando las noticias son buenas, como que los bebés ya pueden beber el agua de Tokio.

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Así he vivido este terremoto en Japón

Es Domingo cuando escribo esto, casi dos días completos después del terremoto. Ahora, en casa y con un poco más de perspectiva, con los nervios algo más calmados, me puedo poner a relatar cómo ha sido mi experiencia en todo este asunto. Me pilló en mi trabajo, en la oficina, después de trabajar. Décima planta de 20 pisos.

Sentado delante del ordenador, terminaba de hablar con un compañero que se sienta a mi lado. El temblor empezó y todos nos quedamos callados, como en otras ocasiones. Pasan unos 10 segundos, y entonces, es cuando todo se empieza a mover realmente fuerte. En mi anterior entrada dije que había sido el terremoto más fuerte que había sentido, y Nora, con mucho sentido (como siempre) me decía en los comentarios que no le había parecido tan fuerte a ella. Obviamente, hablaba con la experiencia de una persona que sabe bastante más que yo de estos temas. Pues bien, después de esos primeros 10 segundos de balanceo, comprendí en un segundo que, efectivamente, ese terremoto que sentimos dos días antes, con origen en la misma zona del que estaba meneando mi edificio y el resto de la zona norte del país, no era un terremoto como todos los demás. Realmente, pasé mucho miedo, por un momento pensé que el edificio se caía y no lo podría contar. Pensé que había que salir del edificio, así que me levanté, pero no podía mantenerme en pie. En ese momento, sólo pide arrodillarme y agarrarme a la pata de una mesa. Fueron, creo, un par de minutos así, que se hicieron increíblemente largos. Cuando todo paró, el edificio aún se mecía suavemente, y pude levantarme. Con dedos muy temblorosos, pude enviar un email a mi familia, con dos palabras: Estoy bien. Por la ventana se veía una columna de humo al fondo, en Odaiba.

Me temblaban las piernas. El edificio se seguía meneando, y los edificios altos al lado del mío, estaban también, meneándose. En el pasillo, otras empresas estaban evacuando a sus empleados por las escaleras de emergencia. Yo le dije a mis compañeros que saliéramos, pero nadie salía, para mi sorpresa, todos estaban todavía sorprendidos y diciendo “Yabai” (terrible, en el sentido de sorpresa). Presa de los nervios, cogí mi mochila y chaqueta y salí por las escaleras de emergencia, con el resto de gente; Bajando las escaleras de emergencia, de hierro (de las “ligeras”), empezó la primera réplica, la más fuerte de todas las muchas que hubo después (aunque yo no lo sabía, todavía). No era posible soltar el pasamanos de la escalera, que se retorcía en cada meneo, aunque nunca sentí que se fuera a romper ni nada parecido. Nadie gritaba, nadie se empujaba… todos bajábamos lo más rápido que podíamos por la escalera. Al llegar abajo del todo pudimos salir a la calle siguiendo la señalización y el “río” de gente. En la calle había muchos esperando a que todo se calmara. Se podía ver como las torres altas aún se movían un poco pero estaba todo mucho más tranquilo. Este video (que yo no he sacado) muestra ese momento.

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Los funcionarios en Japón y cuando me pasé de listo

Tokio es una ciudad tan grande, que se divide en 23 ‘kus’ o barrios, que en realidad son pequeñas ciudades. Como tales, cada una tiene su ayuntamiento. Hay un ayuntamiento central o metropolitano, situado en el famoso Tocho de Shinjuku, que los organiza todos; Aunque nunca he escrito sobre este edificio antes (aún tengo que publicar una entrada) se trata de uno de los edificios más grandes de Tokio, muy característico arquitectónicamente por tener dos torres de considerable altura. Aquí está una de las muchas fotos que he hecho de ese edificio.

Desde que estoy viviendo en Tokio, he pasado por tres barrios; al principio, como no tenía nada (ni una dirección ni nada) no podía tener ni DNI ni cuenta bancaria ni comprar un móvil… por lo que necesitaba una dirección (lo primero es lo primero) en donde se me pudiera encontrar. Es por esto que durante el primer mes que pasé en Tokio, fui carne de Sakura House, y me alojé en Katsushika-ku (Kameari). Allí, me hice mi carnet de guiri, abrí una cuenta bancaria en la que poder recibir mi salario, compré un móvil… en definitiva, empecé a intentar organizarme aquí como se tienen que organizar todos los extranjeros cuando llegan. Después de ese primer mes en un cuchitril (creo que eran unos 10 metros cuadrados) a donde sólo iba a ducharme y dormir, pude buscar un piso en Setagaya-ku, en donde pude encontrar algo que me gustó mucho, nuevo, 18 metros cuadrados sólo pero con todo tipo de comodidades y a 7 minutos de la estación de Shibuya. Tras pasar allí un año, me mudé a donde vivo ahora, que es otro ku ;) – pues bien, en todos estos Kus, he tenido que lidiar con funcionarios en cada uno de los ayuntamientos de cada barrio. Todos los extranjeros residentes en Japón tienen que notificar cualquier cambio en su situación personal (dirección etc) o laboral, que queda registrado en la parte trasera de la tarjeta, llamada de manera bastante poco grácil en inglés norteamericano Alien Card. Con cambios de lugar de trabajo y con tantas mudanzas, me ha tocado tener todo tipo de experiencias en varios ayuntamientos, grandes, pequeños, etc. En esta entrada, me gustaría contar cómo han sido estas experiencias.

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El frío de los tokiotas

Una de las cosas que más me dicen los amigos o familiares que vienen de visita a Japón, es que los trenes, sobre todo en Tokio, son muy silenciosos; No se refieren al sonido del tren (que, por lo general, es silencioso excepto en la línea Keikyu que va Haneda/Kawasaki y la línea de Metro Oedo, en donde deberían dar unos auriculares protectores que aislen a uno del enorme ruido que hacen las ruedas en algunos tramos) sino al sonido de las personas. A menudo, yo mismo me he sorprendido mirando a todos y ver que todos los pasajeros de mi vagón, unas 50 personas, van en total silencio y nadie habla con nadie; Son momentos raros, porque generalmente siempre hay alguien hablando aunque sea en voz baja. Pero es verdad… en bastantes ocasiones, los vagones de los trenes de Tokio son silenciosos.

Después de un tiempo, y de ver como en otras ciudades Asiáticas o incluso en otras de Japón como Osaka, es más habitual escuchar a la gente hablar o incluso elevar la voz por cualquier motivo, me paré a pensar si es cierto lo que estos amigos me cuentan: Que las personas que viven en Tokio son frías, una opinión que algunos japoneses que conozco en Kansai, la zona en donde está Osaka, también me han mencionado en más de una ocasión.

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