Si aún no te has suscrito al feed RSS, es posible que te interese hacerlo ahora! Así serás notificado de los nuevos posts de este blog ¡Gracias por la visita!
Desde hace bastante tiempo tengo una pequeña obsesión por los gyouzas o empanadillas al estilo japonés. Los he comido en España, caseros y de restaurante, en restaurantes chinos en donde habitualmente no los hacen igual, en el bar chino del parking de Plaza de España en Madrid (en donde los hacen bastante bien)… es decir, los he comido de muchos tipos, y me han gustado todas. En Tokio, he tenido la oportunidad de conocer varios restaurantes especializados en gyozas, y de todos esos hay dos que son mis favoritos. Uno está en Ginza, y tiene como particularidad que hacen gyozas enormes, como plátanos de grandes. En FourSquare podéis encontrar el mapa de ese restaurante y algunas fotos (alguna mía como esta de aquí abajo) de esas empanadillas enormes.

Sin embargo, ese restaurante no es mi favorito número uno. Hace ya varios años, una amiga (gracias Anna) me llevó a al restaurante que se convertiría en mi sitio de gyozas predilecto en Tokio; se llama Harajuku Gyouza Rou y está en Harajuku, un barrio a medio camino entre Shibuya y Shinjuku. Es un lugar muy céntrico, y aunque el restaurante es un poco difícil de encontrar si no conoces el callejón en el que está, probablemente no tardes mucho en dar con él simplemente preguntando, porque es muy famoso. Siempre hay cola en la puerta (al menos todas y cada una de las veces que yo he ido, que no son pocas). Hoy estuve ahí de nuevo y ésta era la cola que había en la puerta.

La cola hace esperar normalmente unos 15 o 20 minutos. Se trata de un local muy típico japonés… no muy grande, pero lleno de gente, con una barra que ocupa casi todo el espacio y una serie de mesas a la derecha, en donde sientan a los grupos. Los que vienen solos o en pareja, normalmente van a la barra, desde la que se puede ver cómo cocinan, porque rodea a la cocina completamente. Es espectacular ver a los cocineros delante de tí friendo las empanadillas y controlando el aceite, temperatura, agua… todo al mismo tiempo que gritan irasshaimase (bienvenido) al entrar un cliente como ocurre en cualquier restaurante japonés, o dando las gracias cuando sale otro cliente.











