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Es algo que muchos amigos que vienen de visita a Japón me preguntan; ¿Por qué hay tan pocas, o ninguna, red abierta Wi-Fi en Japón? En particular en Tokio, la verdad es que es difícil utilizar una red Wi-Fi que esté abierta y mucho menos que tenga salida a Internet. Siempre pensé que tenía que publicar por qué se produce esta situación en Japón, pero lo dejé pasar y hoy mientras comía me he encontrado con un artículo de Akky, el bloguero japonés detrás de Asiajin que publica artículos en inglés (y en español) más al día en temas de tecnología en Japón y que tengo el placer de conocer. En el artículo, Akky expone las razones por las que las redes Wi-Fi abiertas brillan por su ausencia en Japón, siendo como es un país puntero en tecnología o en Internet. Aquí mismo, he publicado varias entradas sobre Internet en Japón:
En el lugar donde vivo ahora, como ya he contado en varias ocasiones, la conexión de 2 Mbit venía ‘por defecto’ instalada, ya que se paga con la comunidad, y se utiliza para dar de alta los servicios de gas y agua. Con un pago de 1500 Yen al mes, la velocidad sube de 2 Mbit a 100 Mbit (16 Mbit cuestan 500 yen al mes, pero no fue difícil decidirme por la de 100 Mbit ). Es decir… que Internet en Japón, efectivamente, está disponible ampliamente, a precios asequibles y también a velocidades muy altas. A pesar de todo esto, y aunque es relativamente fácil encontrar alguna que otra red de la empresa española FON en Japón, la verdad es que con conexiones domésticas de 100 Mbit siendo la norma, uno nunca se imagina antes de venir a Japón que va a encontrar menos redes Wi-Fi abiertas que en su propio país.
Se que es un típico tópico… y se que no es conveniente escribir cuando uno está realmente mosqueado. Pues bueno, hoy voy a pasar este consejo por alto, y es que estoy lo que se dice muy cabreado. Estos días en España, antes de volver a Japón, me ha contado conseguir un papel que se llama ‘certificado de no residencia’. No voy a explicar para qué lo necesito porque no viene a cuento, pero si contaré que me hace falta en mi banco, en donde me dijeron que para conseguirlo, tengo que ir a ‘cualquier comisaría de Policía Nacional’ y pedirlo. Dicho y hecho voy a la comisaría de mi ciudad, cerca de Madrid, y ahí me dicen, tras hacer cola, que no es ahí donde dan esos papeles, y en un papel me escriben la dirección, en Tetuán, Madrid, a donde tengo que ir. Como no me daba tiempo (cierran a las 14:00, no vayan a trabajar demasiado) lo dejo para el día siguiente.
Al día siguiente, me voy a Tetuán, Tras 45 minutos de viaje, pregunto, y me dicen que ‘ahí no saben nada’. Pregunto también en una comisaría que hay al lado. Me dicen que tengo que ir a la Calle General Pardiñas, número 90. Como ya son las 14:00, me dicen que no me da tiempo a llegar. Lo dejo para el día siguiente. Tercer lugar que visito, una mañana entera perdida, sin saber muy bien cómo. Eso si, me voy con una foto del papel que dice, justo al lado de la ventanilla, donde tengo que ir, y que ilustra esta entrada.
Tokio es una ciudad tan grande, que se divide en 23 ‘kus’ o barrios, que en realidad son pequeñas ciudades. Como tales, cada una tiene su ayuntamiento. Hay un ayuntamiento central o metropolitano, situado en el famoso Tocho de Shinjuku, que los organiza todos; Aunque nunca he escrito sobre este edificio antes (aún tengo que publicar una entrada) se trata de uno de los edificios más grandes de Tokio, muy característico arquitectónicamente por tener dos torres de considerable altura. Aquí está una de las muchas fotos que he hecho de ese edificio.
Desde que estoy viviendo en Tokio, he pasado por tres barrios; al principio, como no tenía nada (ni una dirección ni nada) no podía tener ni DNI ni cuenta bancaria ni comprar un móvil… por lo que necesitaba una dirección (lo primero es lo primero) en donde se me pudiera encontrar. Es por esto que durante el primer mes que pasé en Tokio, fui carne de Sakura House, y me alojé en Katsushika-ku (Kameari). Allí, me hice mi carnet de guiri, abrí una cuenta bancaria en la que poder recibir mi salario, compré un móvil… en definitiva, empecé a intentar organizarme aquí como se tienen que organizar todos los extranjeros cuando llegan. Después de ese primer mes en un cuchitril (creo que eran unos 10 metros cuadrados) a donde sólo iba a ducharme y dormir, pude buscar un piso en Setagaya-ku, en donde pude encontrar algo que me gustó mucho, nuevo, 18 metros cuadrados sólo pero con todo tipo de comodidades y a 7 minutos de la estación de Shibuya. Tras pasar allí un año, me mudé a donde vivo ahora, que es otro ku – pues bien, en todos estos Kus, he tenido que lidiar con funcionarios en cada uno de los ayuntamientos de cada barrio. Todos los extranjeros residentes en Japón tienen que notificar cualquier cambio en su situación personal (dirección etc) o laboral, que queda registrado en la parte trasera de la tarjeta, llamada de manera bastante poco grácil en inglés norteamericano Alien Card. Con cambios de lugar de trabajo y con tantas mudanzas, me ha tocado tener todo tipo de experiencias en varios ayuntamientos, grandes, pequeños, etc. En esta entrada, me gustaría contar cómo han sido estas experiencias.
Publico hoy una entrada corta para mostrar una canción que he descubierto gracias a un amigo sevillano llamado Raúl que, viviendo en Tokio, ha dejado en una lista de correo esta sevillana cantada en japonés (y traducida fehacientemente) que no tiene desperdicio. Se la he hecho escuchar a unos amigos japoneses y aún están riéndose… y eso que no entienden de dónde viene toda la historia de la gracia que tienen estas canciones. Os dejo con la canción; “Cantores de Híspalis y Pascual González”, que interpretan Odore Feria.
En los últimos diez años, he podido comprobar cómo es Japón para un turista, y como lo es para un residente; Primero, probado en mi propia piel como mochilero solitario que no habla japonés (toda una aventura) y luego como residente, que recibe a amigos que usan el fantástico Japan Railpass al que los residentes no tenemos acceso para hacer lo mismo que hice yo hace años. Después de todas estas experiencias, puedo decir sin miedo a equivocarme que el Japón que ve un residente y el que ve un turista, es muy diferente. Aunque he realizado algunos viajes a Hokkaido en los últimos meses e incluso me he dado un salto rápido a Hong Kong (ciudad que tenía muchas ganas de visitar), cuando uno trabaja en Japón, viajar dentro de este país se convierte en un lujazo, no ya por lo caro que pueda ser (los medios de transporte en Japón son una de las cosas más caras que hay que pagar cuando uno se mueve) sino porque es realmente complicado encontrar días de vacaciones, sobre todo esos días uno puede disfrutar de verdad… los que uno consigue cuando nadie más tiene vacaciones.
Como todos sabemos, en Japón hay mucha gente (más de 125 millones) y cuando aquí llega la hora de viajar, la mayoría lo hacen al mismo tiempo (tiempos de Obon etc) – es como en España los días 1 y 31 de Agosto, con carreteras llenas de atascos, playas llenas de sombrillas etc. No sería la primera vez si tuviera que hacerme 500 kilómetros en tren aquí en Japón, de pie, o tirado de mala manera en el suelo del espacio que hay entre vagones… y para evitar eso, sólo hay una manera; conseguir vacaciones cuando todos están trabajando… algo casi imposible si trabajas en Japón. Si luego tenemos en cuenta que muchas de las fiestas (Verano, Navidad etc) salgo del país para volver a España y pasar unos días con la Familia, el tiempo restante es realmente escaso. Se queda reducido a unos pocos puentes de varios días festivos, como el que tendremos la semana que viene (el Martes, es festivo en Japón). Es por eso que me gustó mucho este video que os enseño a continuación, que es un homenaje al famoso Matt y que me hizo llegar Rafael en Twitter. Me recordó a mis viajes de mochilero, visitando muchas ciudades una detrás de otra sin preocuparme del tiempo, ni de la distancia. Toda una gozada en Japón… que se puede experimentar viendo el video.