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Hace un día, volví a Japón. Hace justo un año, era Viernes, y no Domingo como ahora. Un par de días antes había sentido el terremoto más grande que había experimentado hasta la fecha, sin saber lo que vendría después. A la hora de publicar esta entrada, yo estaba caminando a la altura de la Tokyo Tower, a menos de medio camino entre mi lugar de trabajo y mi casa. Sólo llevaba una hora de las cinco que tardé en volver a casa. Por la calle, como si fuera una manifestación, las aceras estaban llenas de gente. Se podían notar las réplicas del gran terremoto cada poco tiempo, y ver farolas o edificios meneándose ligeramente. La gente hacía cola en las caminas de teléfono de los parques, y en las tiendas de bicicletas, que se quedaron sin existencias y abrieron hasta tarde. Las cafeterías y restaurantes también estaban llenas de salaryman y salarywoman. En las TV, no paraban de pasar imágenes del tsunami y en muchos canales sólo echaban una y otra vez el mismo anuncio de AC, en concreto este de aquí abajo. Tengo esa melodía grabada a fuego en la cabeza. Estoy seguro de que nunca jamás la olvidaré, porque he debido de escucharla literalmente miles de veces. Como si fuera una broma de mal gusto, este anuncio se sucedía una y otra vez de manera continua, durante semanas.
En los 17 kilómetros de recorrido, pasé por Akihabara, y los canales de agua estaban a rebosar, con una fuerza inusual. Ese fue el primer síntoma que vi, en persona, de que algo poco habitual pasaba con el Mar. Al leer las noticias en el móvil (no se podían hacer llamadas, pero Internet funcionaba perfectamente – incluso llegué a hacer una videollamada por Skype con mi familia para tranquilizarles, según caminaba por la calle) me quedé realmente horrorizado de lo que había pasado en la costa de Tohoku. Esto, ya lo sabemos todos… el famoso problema de la central nuclear de Fukushima y todo lo que vino después. Cuando hice esta foto, nunca pensé en todo lo que podría venir después.

En sólo unas pocas horas, un feliz Viernes cualquiera se convirtió en algo totalmente surrealista. Los terremotos, el tsunami… eso es algo que se podría esperar. Lo de la central nuclear era algo impensable que pasara en un país como Japón.
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