En los últimos diez años, he podido comprobar cómo es Japón para un turista, y como lo es para un residente; Primero, probado en mi propia piel como mochilero solitario que no habla japonés (toda una aventura) y luego como residente, que recibe a amigos que usan el fantástico Japan Railpass al que los residentes no tenemos acceso para hacer lo mismo que hice yo hace años. Después de todas estas experiencias, puedo decir sin miedo a equivocarme que el Japón que ve un residente y el que ve un turista, es muy diferente. Aunque he realizado algunos viajes a Hokkaido en los últimos meses e incluso me he dado un salto rápido a Hong Kong (ciudad que tenía muchas ganas de visitar), cuando uno trabaja en Japón, viajar dentro de este país se convierte en un lujazo, no ya por lo caro que pueda ser (los medios de transporte en Japón son una de las cosas más caras que hay que pagar cuando uno se mueve) sino porque es realmente complicado encontrar días de vacaciones, sobre todo esos días uno puede disfrutar de verdad… los que uno consigue cuando nadie más tiene vacaciones.
Como todos sabemos, en Japón hay mucha gente (más de 125 millones) y cuando aquí llega la hora de viajar, la mayoría lo hacen al mismo tiempo (tiempos de Obon etc) – es como en España los días 1 y 31 de Agosto, con carreteras llenas de atascos, playas llenas de sombrillas etc. No sería la primera vez si tuviera que hacerme 500 kilómetros en tren aquí en Japón, de pie, o tirado de mala manera en el suelo del espacio que hay entre vagones… y para evitar eso, sólo hay una manera; conseguir vacaciones cuando todos están trabajando… algo casi imposible si trabajas en Japón. Si luego tenemos en cuenta que muchas de las fiestas (Verano, Navidad etc) salgo del país para volver a España y pasar unos días con la Familia, el tiempo restante es realmente escaso. Se queda reducido a unos pocos puentes de varios días festivos, como el que tendremos la semana que viene (el Martes, es festivo en Japón). Es por eso que me gustó mucho este video que os enseño a continuación, que es un homenaje al famoso Matt y que me hizo llegar Rafael en Twitter. Me recordó a mis viajes de mochilero, visitando muchas ciudades una detrás de otra sin preocuparme del tiempo, ni de la distancia. Toda una gozada en Japón… que se puede experimentar viendo el video.
Hoy, es el cumpleaños de Ayukawa Madoka… por lo que hoy tendría 42 años si fuera una persona real. Alguien me chivó que también hoy, es el día del orgullo friki, y dentro del Nexo TLQM, una serie de blogs con temáticas relacionadas escribimos acerca del fenómeno Otaku en el sentido que le dan los aficionados extremos al manga, el anime, y los videojuegos provenientes de Japón.
Si, lo confieso; Yo fui un Otaku antes de que la mayoría de la gente supiera qué es el anime en España. Me convertí a esta especie de religión cuando no había internet, cuando una cinta VHS en NTSC enviada por correo desde EEUU era un auténtico tesoro de valor incalculable… cuando copiar anime entre los demás amigos Otakus significaba pasarse noches en casa con 7 y 8 videograbadores conectados entre si grabando al mismo tiempo la misma cinta. En aquella época, conseguir esas cintas, grabarlas, incluso verlas si no tenías el equipamiento adecuado, era muy difícil ser Otaku; Hoy en día sólo hay que saber en dónde buscar el fichero adecuado, puedes enviar lo que quieras a quien quieras sin moverte de casa… que un anime no salga publicado en tu país, no es en absoluto un problema más allá de la barrera idiomática. En esta entrada, voy a hablar de mis comienzos como Otaku del anime, que sin saberlo y con el paso del tiempo, fue uno de los pilares que dieron como resultado que hoy en día escriba estas líneas desde Tokio.
Cuando estuve en Fushimi Inari, grabé este paseo con el móvil. No quise hacer ruído, como parte de la ambientación del lugar, para que podáis notar la tranquilidad que se respira, en un lugar en dónde lo único que se escucha son los insectos y tus propios pasos. Se aprecia también, la cantidad increíble de toriis que hay. Aunque nunca será lo mismo, espero que el video os ayude a imaginar un poco lo bonito que es este lugar y qué se siente al pasear por pasillos de portones que suben una montaña (así escrito, suena más raro que bonito, pero es realmente especial )
La verdad, es que más que por algún tema religioso, me encanta caminar por lugares así sólo para poder pensar en mis cosas y relajarme. En esta ocasión el paseo lo di un poco deprisa, pero la próxima vez que venga a este lugar lo haré con todo el día por delante para disfrutarlo tranquilamente.
Acabo de volver de Kansai, después de pasar el fin de semana allí tal y como conté en la entrada anterior, y me he venido enamorado del Fushimi Inari Taisha (伏見稲荷大社), un templo dedicado a Inari, un espírito asociado generalmente a la riqueza, ya que protege las plantaciones (descritas como plantaciones de arroz) de las desgracias. Es decir, se encarga de que no te falte el pan. Esta es la panorámica que saqué hoy de la entrada. Podéis verla en alta resolución aquí.
Hasta ahora, el templo que más me gustaba de Kyoto, es el Kiyomizudera (清水寺), que sin duda sigue siendo precioso, pero lo que he experimentando hoy en el Fushimi Inari supera cualquier otra cosa que haya visto antes en Kyoto. Esta claro que cada uno tiene sus gustos, pero que este ‘complejo de templos’ que se distribuye a lo largo de una montaña tenga tantísimos senderos franquados por miles de toriis donados por personas a las que les ha ido bien económicamente hablando, y que han querido agradecer a Inari su protección.
Una de las cosas que no salen en las guías de viaje para ir a Japón, ni en los documentales, es que el famoso puente colgante de Tokio del que ya he hablado anteriormente, el Rainbow Bridge, se puede cruzar caminando simplemente yendo a su pie, y además gratuitamente. El espectáculo que se puede disfrutar desde el mismo, tanto en su lado norte como en su lado sur, no tiene parangón en Tokio; Una extensión enorme de agua, con la ciudad rodeando la bahía en todas las direcciones y creando un skyline precioso, se muestran ante tus ojos para darte una idea un poco más real de la inmensidad de esta megápolis en la que vivo.