Los que me conocen un poco, saben que yo llevo muy mal lo del frío; Aunque es a Japón a donde me he mudado, a veces pienso que lo mío sería mudarme a algún sitio tranquilo del Caribe en el que siempre haga buen tiempo, o directamente a las Islas Canarias en España, que es el punto más cercano al Ecuador que puedo estar con mi propio pasaporte. Aunque me imagino que en España también venderán algo parecido (y se que en Amazon también venden cosas así) no ha sido hasta que he venido a Japón que he descubierto ‘las bolsitas de polvos calentitos’, aquí llamadas Kairo (al menos, las de la marca que suelo comprar). Son unas bolsitas blancas y aparentemente porosas que, al menearlas, mezclan unos componentes químicos en su interior que hacen que la bolsita se ponga caliente. Hay varios tipos… desde bolsas con ‘algo’ acuoso dentro, que se ponen duras, grises y calientes al romper una pieza gris que hay en su interior, hasta las más sencillas de ‘polvos’ que aguantan calientes unas horas más. Estas son las que ahora llevo encima todos los días cuando salgo a la calle…
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Uno aprende rápido qué es el azuki en Japón; Lo tienen la mayoría de los dulces que uno puede comprar en cualquier estación de tren como ‘omiyage‘ o recuerdo para tus amigos/compañeros de trabajo en la oficina. La forma puede cambiar, pero en el interior, casi siempre encontrarás la eterna judía dulce de color rojo. Es tan popular, de hecho, que Pepsi han debido pensar que sería un buen sabor, y hoy en el konbini, me he encontrado la Pepsi de Azuki.
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A la hora de tirar basura en Japón, es necesario estudiar muy bien qué días se tira qué basura. Siempre que uno se muda o llega a Japón, de las primeras cosas que le dan son un cuadernillo con las normas de evacuación en caso de gran desastre tipo terremoto fuerte etc – y también una hoja con las horas a las que se ha de tirar la basura, qué días se tira cada tipo de basura (la que se quema, la que no se quema, las botellas, los papeles, etc). A menudo, hay barrios en los que es más caro el alquiler de una habitación o de una casa por la sencilla razón de que en ese barrio es más fácil (menos molesto) tirar la basura, o tiene horas menos exigentes. En teoría, se ha de tirar la basura por la mañana antes de que llegue el camión de la basura. En teoría claro, porque mis vecinos y yo mismo la sacamos por la noche antes de acostarnos, sobre todo si al día siguiente no hay que madrugar. Al menos en el edificio donde yo vivia antes, hay cierta complicidad y nadie nos hemos quejado de otro vecino, pero me consta que incluso se investiga de quien es la basura en los edificios de otros amigos. Por eso es importante no dejar ningún identificativo
Hay un tipo de basura, no obstante, que no se puede dejar tal cual en la zona de recogidas. Son las basuras grandes o sodai gomi (粗大ごみ) como por ejemplo un sillón, una cama, un armario o aparatos como un aire acondicionado, una televisión ‘de tubo’, un microondas… para todo esto, hay que llamar a un número de teléfono (que viene en la hoja de basuras, normalmente) y que cambia en función de lo que se tira. Una vez informamos de lo que queremos tirar, nos cuentan cuánto dinero tenemos que pagar. Entonces, vamos a un konbini, y compramos estos ’sellos’ que veis en la foto;
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Después de ver cómo han bajado el precio de las memorias, sobre todo las de poca capacidad (hoy en día podríamos decir que 1Gb es poca capacidad, supongo), hacía tiempo que me preguntaba por qué no se distribuía software o contenidos en este tipo de dispositivos, ya que una vez utilizado o consumido (por ejemplo, una película) podríamos seguir utilizando la memoria para asuntos personales después de borrar lo que trae inicialmente. Pues bien, ayer en un MiniStop, una de las cadenas de konbinis más famosas de Japón, me encontré exáctamente con esta idea. Memorias USB de 1Gb con software preinstalado, en este caso, videojuegos y otros programas para Windows.
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Como sabéis, hace unas semanas me tocó ir a un hospital público en Tokio. Una de las cosas que no había hecho en mi vida hasta que he venido a vivir a Japón, era pagar en un hospital. En España, es cierto que los impuestos son mucho más altos, y como ya lo aceptamos como algo habitual ni siquiera nos planteamos cuánto cuesta mantener un hospital. Hasta que he venido aquí, para mi las palabras ‘hospital’ y ‘dinero’ eran totalmente ajenas. Hasta que vi esto;
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